Bitácora #11 | Mientras camino

No sé si el camino enseña.

Creo que, más bien, nos va mostrando aquello para lo que finalmente estamos preparados.

Algunas cosas sólo aparecen cuando dejamos de correr.

Otras, cuando dejamos de pelear con lo que sentimos.

Con el tiempo fui descubriendo que conocerse no consiste en encontrarse con una versión perfecta de uno mismo.

Consiste en animarse a mirar también aquello que incomoda.

Las partes que evitamos.
Las decisiones que repetimos.
Los silencios que sostuvimos demasiado tiempo.

Porque lo que no se reconoce suele terminar decidiendo por nosotros.

Y, casi sin darnos cuenta, un día descubrimos que llegamos a un lugar al que nunca quisimos ir.

Mirarse no evita el dolor.

Pero evita vivir dormido.

Aprendí que la conciencia no cambia lo que pasó.

Cambia la forma de seguir caminando.

Que crecer no siempre se siente como avanzar.

A veces crecer es detenerse.

Cambiar de dirección.

Pedir ayuda.

Aceptar una pérdida.

O dejar de insistir con aquello que ya no tiene lugar en nuestra historia.

También entendí que nadie atraviesa un proceso de una vez y para siempre.

La vida vuelve a preguntarnos las mismas cosas con otros escenarios.

Y cada vez respondemos desde una versión un poco distinta de nosotros mismos.

Quizás por eso me sigue acompañando aquella frase de Spinetta:

“De ti saldrá la luz… tan sólo así serás feliz. Y deberás crecer sabiendo reír y llorar.”

Tal vez la luz nunca estuvo al final del camino.

Tal vez siempre empezó adentro.

Y caminar consistía, simplemente, en aprender a verla.

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