Bitácora #1 | Volver a Sentir

¡Bienvenidos a este nuevo espacio! A veces, traducir lo que uno siente y piensa en palabras precisas es todo un desafío, pero me animo a intentarlo porque creo profundamente en el valor de compartir. A partir de hoy, dejaré en esta bitácora algunas reflexiones que nacen de la vida misma, del estudio, y de mi mirada integrativa. Hoy quiero inaugurar este diario hablando de un estado que muchos transitamos en silencio alguna vez: la anestesia emocional.

A lo largo de nuestra vida, y especialmente tras atravesar el dolor, el trauma o el desgaste crónico, es común experimentar un fenómeno silencioso pero devastador. Dejamos de sentir. O, mejor dicho, adormecemos la capacidad de sentir para poder sobrevivir.

Comprender este “congelamiento” requiere visitar las raíces de cómo funciona nuestro psiquismo y preguntarnos: ¿Por qué y para qué nos desconectamos? Y, más importante aún, ¿cómo es el camino de regreso hacia nosotros mismos?

El Principio del Placer y la Anestesia como Defensa

En sus inicios, el psicoanálisis postuló que el ser humano está regido por el principio del placer (Freud, 1911): una brújula interna que busca constantemente la gratificación y, sobre todo, la evitación del dolor y el displacer.

Cuando el dolor de una experiencia (una pérdida, un trauma, un entorno invalidante) es demasiado grande para ser procesado, la mente hace un movimiento de supervivencia radical. Para cumplir con el mandato de “evitar el dolor”, apaga el interruptor general. La paradoja de esta defensa es que, en su afán por protegernos del sufrimiento extremo, nos termina robando también la capacidad de experimentar la alegría, el asombro y la conexión genuina. Quedamos en un estado de aplanamiento. No hay dolor agudo, pero tampoco hay vida vibrante.

El Principio de Realidad: Funcionar sin Sentir

Mientras el mundo interno se adormece, el mundo externo sigue exigiendo. Aquí entra en juego el principio de realidad (Freud, 1911), esa capacidad de postergar la gratificación y adaptarnos a las demandas del entorno: hay que trabajar, cuidar de la familia, pagar cuentas, sonreír en las reuniones, etc.

Es muy frecuente que, en distintos momentos de la vida, nos encontremos atrapados en este punto. Nos volvemos hiper-funcionales bajo el principio de realidad. Cumplimos, resolvemos, avanzamos. Sin embargo, lo hacemos desde la desconexión. Habitamos un estado donde la “realidad” es un mero trámite mecánico. Nos sobre-adaptamos al entorno, pero quedamos exiliados de nuestro propio cuerpo y de nuestras emociones. Sobrevivimos, pero no vivimos.

Más Allá del Principio del Placer: La Repetición

Con el paso de los años, se hizo evidente que el ser humano es más complejo. Si solo buscamos el placer y evitamos el dolor, ¿por qué a veces repetimos, en nuestros actos, síntomas o elecciones, las experiencias que nos lastimaron? Fue entonces cuando se formuló que hay algo “más allá del principio del placer” (Freud, 1920).

Se descubrió la compulsión a la repetición. Hay una fuerza que nos empuja a volver al lugar de la herida en un intento psíquico desesperado —y fallido— por tratar de dominar en el presente aquello que nos abrumó en el pasado. Ese “más allá” es el territorio de lo no-procesado. Cuando no podemos sentir y elaborar nuestro dolor, este no desaparece; se convierte en un fantasma que repite su guión. La anestesia no nos salva, simplemente nos deja ciegos ante cómo la historia se repite.

Volver a Sentir: Mi tránsito hacia lo que hoy llamo Tercera Orilla

Aquí es donde la mirada integrativa intenta tender un puente. “Volver a sentir” no es un acto voluntario y automático. Es un proceso profundo, respetuoso y a veces desafiante, porque implica derretir el hielo que nos protegió durante tanto tiempo.

¿Cómo es ese camino? La ciencia nos aporta sus propios modos de ver al ser humano, y en este espacio proponemos integrarlos y que cobre sentido:

  1. El Cuerpo y el Procesamiento: Las emociones no habitan sólo en la mente; viven también en la biología. Como señala el psiquiatra Bessel van der Kolk (2014), el trauma se aloja en el sistema nervioso. Pero también sabemos, gracias a los aportes de Francine Shapiro (2004) y la terapia EMDR, que nuestro cerebro tiene un sistema innato de procesamiento de la información. Tenemos una capacidad natural para reprocesar si le brindamos al cuerpo las condiciones seguras para hacerlo. Volver a sentir requiere volver a habitar el cuerpo y destrabar ese procesamiento orgánico que quedó inscripto en el orden de lo traumático.
  2. Atravesar la Repetición: Implica mirar de frente ese “más allá”. Reconocer nuestros patrones repetitivos y, en lugar de actuarlos en piloto automático, traerlos a una conciencia compasiva.
  3. Integración: No buscamos solo el placer evasivo, ni queremos ser esclavos de una realidad fría. Buscamos integrar. 

Y, ¿qué es integrar? 

En mi práctica clínica, y en la concepción misma de este espacio, adhiero a la mirada del paradigma de la complejidad propuesto por Edgar Morin. Desde esta perspectiva, comprendo a la persona no como un conjunto de síntomas o partes aisladas, sino como un entramado dinámico donde la biología, la mente, la historia y el contexto se entrelazan y coexisten. 

Entonces, volviendo a la pregunta, pensar en la integración desde el paradigma de la complejidad es, en esencia, renunciar a las explicaciones simples y abrazar la riqueza de los matices. Integrar no es sumar, mezclar ni homogeneizar; es un proceso dinámico y vital. Por lo que ya no podemos separar la mente del cuerpo, ni al individuo de su contexto. Integrar significa observar cómo un pensamiento influye en el sistema nervioso, cómo la regulación fisiológica moldea la respuesta inmunológica y cómo el entorno social impacta en ambas. Es entender al ser humano como una red interconectada donde cada síntoma o malestar es información sobre cómo el sistema entero está intentando adaptarse. 

En el trabajo con el trauma o el dolor profundo, la falta de integración se ve cuando el pasado irrumpe en el presente como si estuviera sucediendo ahora, secuestrando las respuestas del organismo. Integrar, aquí, significa ayudar a que esas memorias procesen su carga desreguladora y encuentren su lugar en la historia autobiográfica. El evento no se borra, sino que se enlaza a la narrativa actual, perdiendo su poder de amenazar el aquí y ahora. 

La mente humana tiende a polarizar: blanco o negro, bueno o malo, razón o emoción. El pensamiento complejo nos invita a integrar paradojas. Significa sostener la tensión entre la aceptación radical de lo que se está sintiendo en este momento y, simultáneamente, el compromiso con el cambio y la construcción de una vida con sentido. Es encontrar ese espacio intermedio donde no hay que elegir entre validar el dolor y buscar la transformación, porque ambas pueden coexistir. 

“En definitiva, integrar es un verbo continuo. Es tejer constantemente los hilos de nuestras experiencias, nuestra biología y nuestro entorno para formar un tejido que, aunque tenga nudos y cicatrices, es resiliente y tiene sentido”. 

Desde mi mirada personal —este es el espíritu que le da nombre a este proyecto— sé que es un proceso, que no es lineal ni liviano, pero merecemos darnos la oportunidad de disfrutar más allá del dolor.

Este tránsito hacia lo que llamo Tercera Orilla se siente como la llegada a un nuevo territorio. “Volver a sentir” es animarse a cruzar el río, a veces turbulento de nuestro propio interior, para llegar a esa Tercera Orilla. Un espacio donde podemos sostener la realidad sin perder el alma, donde podemos habitar el dolor cuando llega, y donde, fundamentalmente, nos permitimos que la vida vuelva a latir a través nuestro.

Volver a sentir es un acto de coraje. Es elegir la vida.

💡 Propuesta de reflexión para el fin de semana: ¿En qué áreas de tu vida sentís que estás operando en “piloto automático”, cumpliendo con la realidad pero desde la desconexión?

Te invito a dejar que esta pregunta resuene en vos durante estos días. A veces, solo notarlo ya es el primer paso.

Referencias Bibliográficas

  • Freud, S. (1911). Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico. En Obras Completas (Vol. XII). Amorrortu Editores.
  • Freud, S. (1920). Más allá del principio del placer. En Obras Completas (Vol. XVIII). Amorrortu Editores.
  • Morin, E. (1990). Introducción al pensamiento complejo. Gedisa. 
  • Shapiro, F. (2004). EMDR: Desensibilización y reprocesamiento por medio de movimientos oculares. Editorial Pax.

Van der Kolk, B. (2014). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Editorial Eleftheria.

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