Hay palabras que nos marcan como un rayo y otras que se siembran en la tierra para germinar a su propio ritmo.
Hace años atrás, alguien dijo que lo que me faltaba en la vida (entre otras cosas 😊): Integración. En ese momento, mi ego geminiano —siempre en movimiento, siempre buscando la multiplicidad— chocó de frente con esa idea. La rechacé con un énfasis feroz. ¿Sentí que integrar…pues no, sentir no sentí nada, recuerdan? Lo que si sé, es que en mi cabeza se ilustro un gran signo de interrogación.
Pero las palabras tienen su propio peso. Esa se quedó dando vueltas en silencio, esperando su momento para brotar. Hoy entiendo que la flora silvestre, esa que tanto me inspira por su resistencia y su belleza cruda, no pelea con sus partes. Simplemente crece. Porque florecer no es otra cosa que eso: flor es ser.
Llegar a la Tercera Orilla | Espacio Integrativo fue exactamente eso: dejar de resistirme a mis propias partes y permitirme ser. Entender que la “vieja Lorena” no tenía que desaparecer castigada, sino retirarse con amor para que una versión más consciente tomara el mando.
Y en este proceso de reclamar la soberanía sobre mi identidad, no estuve sola. Ningún puente se sostiene en el aire. Esta orilla se construyó gracias a mi red de apoyo incondicional y, por supuesto, al espacio seguro de mi propia psicóloga. Porque sí, los psicólogos también vamos al psicólogo; es el único modo honesto de poder sostener a otros.
Pero hubo otras guías inesperadas en este camino. El acercamiento a ciertas melodías y letras que hoy me atraviesan, no llegó por azar, sino a través de la escucha en el consultorio. Fue gracias a mis pacientes, y muy especialmente a una adolescente —la primera que atendí—, que me abrí a un universo sonoro que terminó poniéndole palabras a lo que yo misma estaba transitando. Ella trajo la música, y la música trajo la claridad. Tú sabes quién eres, y te doy las gracias.
Ese proceso sonoro y vital lo traduje en una playlist que hoy quiero compartir con ustedes. Es un mapa de navegación dividido en cuatro etapas del viaje de búsqueda de sentido, de integración:
I. El Desgaste (Reconocer la sombra): Ese momento donde nos consumimos en vínculos o situaciones que ya no van, pero seguimos ahí. Es la sensación de darlo todo y recibir migajas (tolerate it), de sentir que uno se va apagando (You’re Losing Me o Falling).
II. El Despertar (Sacarse la venda): Cuando la realidad ya no se puede tapar. El dolor de ver los propios bloqueos (Guilty as Sin?) y entender, como dice Matilda, que no tenemos por qué cargar con el daño ajeno. Las paredes caen.
III. La Transformación (Soberanía en acción): El chispazo. El momento de recuperar el brillo propio (Bejeweled) y entender que hay un propósito más grande (Bigger Than Me). Es avanzar, incluso si se hace con el corazón roto, sabiendo que la nueva versión está naciendo.
IV. Tercera Orilla (Integración): La liberación. El agua que limpia (Clean), la aceptación de que estamos por nuestra cuenta y eso es un superpoder (You’re On Your Own, Kid), y la elección de vivir desde un lugar genuino (Treat People With Kindness).
A veces, para poder integrar todo lo que somos, necesitamos que alguien (o una canción) nos sostenga el espejo.